jueves, 16 de octubre de 2008

REUNIONES DE TUPPER VERSIÓN SIGLO XXI
Si la montaña no va a Mahoma…
Ya no hace falta ser como Samantha Jones, aquella mujer que disfrutaba de cualquier práctica en la serie Sex and the City, para tener un arsenal de juguetes sexuales. Cada vez más señoras y señoritas se animan a desplegar el stock de un sexshop en sus casas por unas horas para hacer sus compras más picantes.

‘‘Yo no me voy de acá sin mi poronga’’, sentencia Vanesa, que maneja su bólido a gran velocidad para no llegar tarde a la reunión en la cual se encontrará con el objeto de su afecto. Sus tres acompañantes ríen. Vanesa va a darle identidad a su futura adquisición. ‘‘Pero nada de nombres de hombres’’, aclara, ‘‘va a ser algo como Príncipe, Hércules o Atila’’.

Esta muchacha de 25 años, que viste un sweater con cuello alto y chaleco deportivo, que no tiene una gota de maquillaje, que tiene un corte de pelo imitado por cientos de oficinistas; fue la que ingresó a la página web y organizó el evento en la casa de su jefa. Esta misma chica, que viste ropa color gris, beige y blanco; es la misma que después se confesará ávida fanática de los disfraces.

Las cuatro señoritas llegan al departamento de Gorriti y Bonpland, donde aguarda la representante del negocio de juguetes eróticos que citó Vanesa. El living fue acomodado de tal manera que permite que un contingente de siete mujeres de entre 25 y 40 se congregue cómodamente alrededor de una mesa negra. Pocos rincones de ese mueble quedan vacantes: desborda de consoladores, lencería, lubricantes, barajas subidas de tono y múltiples novedades para matar la rutina sexual. Cada vez es más fácil, para aquellas que se animen, tener toda la variedad de un sexshop en la privacidad y confort de su hogar.

Convocar estas tiendas sexuales errantes no tiene ningún costo. Para sus dueños, bien vale la pena tanto traslado y despliegue: al final de la tarde, las concurrentes habrán gastado en promedio más de $200 por cabeza. Motivadas por los verdes o rojos caramelo, o tentadas por las texturas cuasi-reales, todas volverán a casa con un aparatito brindador de consuelo.

Estas neo-reuniones de tupper les proporcionan a una cantidad cada vez mayor de mujeres la oportunidad de comprar lo que deseen esquivando la posible vergüenza de tener que entrar en un local triple X. Las risas, los comentarios subidos de tono, las rondas de anécdotas y los consejos abundan en este refugio en el que cualquiera puede elegir lo que más le intrigue para compartir con su pareja o disfrutar en la más egoísta de las maneras.

Vanesa pregunta, asesora a las demás e improvisa un desfile con algunos atuendos antes de decidirse por un conjunto negro con transparencias. Deja la decisión más importante para el final; y a la hora del bautismo, elige hacer justicia: ‘‘Se va a llamar Ken’’. El ex-novio de Barbie se va a sentir completo. Y Vanesa, satisfecha.

domingo, 12 de octubre de 2008

Sábado de lluvia

Sábado de lluvia
A merced de este dolor
Ante un lecho sin amor
Bajo un manto color furia

Cabe reconocer:
Con un viaje he ido
Contra todo lo vivido
De la angustia al placer

Desde la bella Toscana
En tierras irlandesas
Entre risas y riquezas
Hacia un dolor que no sana

Hasta hoy vive el calor
Para siempre, escrito
Por él, infinito
Según muchos, un horror

Sin pensamientos que agotas
So idea de aventura
Sobre amor y ternura
Tras la caída de las gotas