
Paso una, dos, tres veces. A la tercera, me quedo al lado. GuonderGuman y yo miramos fijo. "Caño", acordamos tácitamente.
Varias veces, cuando diviso un muchacho considerado caño, hay acuerdo entre las partes. Pero en el 84% de los casos, paso por un período de ansiedad y de barullo mental autoflagelador: que no, que no le voy a gustar, que seguro ni me registró, que seguro tiene novia, que seguro es puto (esta es la que más se da en los casos en los que no hay coincidencia).
Pero hay un 16% de situaciones en las cuales la ventana del boicot no existe, y es jugando de visitante (léase anywhere but Buenos Aires) o hablando en foráneo. ¿Qué califica como "foráneo"? Español vs mismo idioma pero con otro acento, inglés (en mi caso, el que más garpa), portugués y un par de guarangadas en italiano.
Esta es una de las historias en foráneo. Va en español para su mejor comprensión.
Volviendo al babeo telepático con GuonderGuman, vemos que charla con una minita sin mucho entusiasmo. En efecto, no es nuestra lengua la que utilizan. Ella se aleja, entonces me acerco decidida a preguntarle de dónde es. Caño se da vuelta. Es más lindo todavía de cerca. Lindos ojos, linda boca, lindos dientes (fundamental), linda altura (sí, hay alturas lindas y alturas feas).
Caño resulta ser brasileño y siento que me saqué la quiniela del MERCOSUR. Tiene 23 años, y aunque me da un poco de paja la edad, pienso que es una buena oportunidad para reivindicar al par de púberes de la lista. Le hablo con confianza, digna de la impunidad de la internacionalidad (véase "la impunidad de la testosterona"), y nos reímos. Hablamos de astrología. Que soy de escorpio, que mi ascendente está en aries y que mi luna está en leo; que él es de sagitario y blah blah blah.
Caño es timidón, entonces, entre que hay buitres sobrevolando y la minita que retorna, es momento de plantar bandera.
Yo: Bueno, yo en realidad, venía a invitarte a bailar.
Caño: Uh, pero yo no sé bailar.
¿Dónde se vio un brasuca que no sepa bailar? Todo bien con que te hagas el tímido, pero como le escuché una vez decir a una muchacha: todo tiene un límite.
Yo: Daaaaaaale, es una cuestión de actitud (y eso es verdad).
Caño: No tengo.
Me tocó un brasuca fallado. Un insulto a mi sangre mitad carioca.
O quizás haya sido la edad. Y así, volvemos al status quo. Confirmado: menores de 30, no te trabajo.

