domingo, 7 de febrero de 2010

Grito como William Wallace al final de "Braveheart" y George Michael en su hitazo del año 90.

Somuchso me reprocha que ando desaparecida. Y tiene razón.

Todas las mañanas, me despierto con la arboleda, el cielo y los pájaros en las copas. El otro día, amanecí a toda lluvia y fue maravilloso.

Todo lo hago lento, con gusto, con tranquilidad. Me pongo al día con las películas, no tanto así con los libros (y bue, todo no se puede), hago las compras, trabajo, limpio, pero todo con una relajación grandiosa.

Cada vez que la llamo o la voy a visitar, mi madre me saluda como si me estuvieran despachando a Afganistán. Pero disfruto cada momento que estoy con ella, y ella está contenta por mí.

La estoy pasando genial. Otra vez, perdón por andar desaparecida. Es todo por una buena causa.

miércoles, 27 de enero de 2010

¡Llename la heladera de víveres, papu!


Las pibas me atosigaron porque todavía no cociné. A ver: domingo, pizza con amigos; lunes, doble merienda (me dio paja -repetí ingesta a las 18.30 y a las 22); martes, comí con ellas. Todavía me quedan varios días para completar la experiencia. Mi ángel de la guarda exigió que "dejen de ser tan mujeres" y que relaje, pero tácitamente, yo acepté el desafío, así que hoy descubrí las delicias de comprar en el supermercado Día.

Voy con mi humilde listita en forma de manzana con un mordisco en el costado. Busco lo siguiente:
- Arroz
- Fideos
- Frutas y verduras
- Algún animal
- Edulcorante
- Clight
- Shampoo para el primer lavado (porque uso uno distinto para el segundo)

La listita funciona bastante bien, pero con mi ADD consumista, no me llevo ningún vegetal (todos tienen fea pinta) ni arroz (me intimida). Compro el resto y agrego un desodorante (nunca se sabe cuándo se va a terminar) y papel higiénico y rollo de cocina al por mayor (porque la voz de mi madre sigue en mi cabeza).

Si bien las dos latas de atún siguen intactas, hoy se concreta. Y te lo pregunto mientras me tomo una chocolatada con el Nesquick que recién adquirí: ¿qué querés comer hoy?

lunes, 25 de enero de 2010

Génesis

Hago el bolso y madre y hermana me traen. Madre luego ofrece aventón hasta -ponele- Aldo Bonzi con tal de que yo me quede un rato más con ella. Y acepto, porque tengo que ir lejos y porque quiero hanguear.

Llego a casa de amigos y pileteo. Molinos y yo charleteamos. Comento reciente mudanza. Molinos, uno de los pocos yankis con onda que conozco, cae en la cuenta: "You've got an apartment all to yourself for a month? Oh, you're gonna be soooooo bad". Somuchso asegura que no me van a ver durante mi estadía. Sé que voy a volver toda ojerosa pero feliz de fechorías. Ñaka-ñaka-ñaka.

Voy al laburo y calculo pésimo los tiempos, pero estoy feliz. Amigas llaman para hacer un follow-up de la primera noche. Todo va excelente. Hago las compras, léase: un dentífrico, dos latas de atún, dos tomates, una lechuga, unas tostaditas Riera y unos hisopos (?). No me van a tildar de conservadora. Ya aprenderé a regular. Igual, medio que el chino de acá es flojo. Eso, o yo no sé buscar. Yo no sé buscar.

Lavo ropa a mano y me siento como las nenas que juegan a la mamá. Fregar me resulta divertido, pero sé que es la emoción de las primeras 48 horas.

Ahora, sólo me queda ser mala y darle la razón a Molinos. Allá vamos.

viernes, 22 de enero de 2010

Prueba piloto

Gran amiga se va un mes y me deja su depto bellísimo a cargo. Es el momento de ver qué es esto de vivir sola. Quiero ser el epítome de la mujer moderna: trabajar full time y atender la casa como corresponde, sin dejar de ser una piba sin abuela.

El problema es que no nací con el chip femenino de cuidado del nido. En ese sentido, soy testosterona 100%: salgo a ganar el pan, pero no me des un plato para lavar.

Acompáñenme en la prueba piloto. Mi madre ya me dijo que me voy a quedar sin papel higiénico y que le preocupa que no tenga nada para comer. ¿Qué pensás que me podría pasar?

viernes, 15 de enero de 2010

Retrospectiva, sort of

Me metí en el blog de Docampo y me tocó su posteo sobre sus últimos diez años. Invitó a compartir y me agarró con la guardia baja y el corazón abierto, así que respondí.

Pero ahora soy pillina y repito aquí. Así que ahí va un vistazo veloz de algunas cosas que pasaron en la primera década del milenio.

00. Me gano una beca para ir a Nueva Zelanda pero no puedo ir y pienso que nunca nunca voy a viajar.


01. Paso tres semanas en San Francisco y los gringos se caen de culo cuando resulta que la prima del campo habla inglés. Nos vamos a ir a vivir a Brasil, pero dos días antes de vender la casa, explota todo y no nos vamos nada. Menos mal que no la vendimos.


02. ¿Me podés explica qué hago dándole clases a oficinistas puertomaderenses durante su hora de almuerzo?


03. Trabajo en un colegio PAJA en Pilar y veo que los nuevos ricos no entienden nada de la vida. Los nenes ven la barrera del peaje y preguntan a qué country estamos entrando.


04. Soy maestra de un nene que me parte el alma mal y lo banco a full. Siempre me pasa con los conflictuados. Me pongo a estudiar teatro de verdad.


05. Hay un nene en el aula que tiene mucha fuerza y le deja sangrando la nariz a un par. De ahí en más, somos l amigo que se casa el 17 de octubre, el acompañante terapéutico y yo en el aula. El nene mejora y me hace un regalo de cumpleaños que aún hoy tengo en la puerta de casa.


06. Me rompen el corazón en la semana de pascuas y, entre lágrimas, me como todo el huevo de chocolate de mi mejor amiga. Empiezo a hacer un par de negocios, pero no me cierran del todo.


07. Me cagan mucho, me pongo triste y por fin me voy a la mierda.


08. Mastico uvas en Barcelona, nos enamoramos en Dublín y cierro con gusto mi etapa de teacher a tiempo completo.


09. Todo empieza a ir hacia donde quiero que vaya y tengo un jefe buena onda que me recuerda todos los días que estamos haciendo historia.

Y termina bien porque, por suerte, soy feliz.

lunes, 11 de enero de 2010

L'amour en coche

Nos subimos de improviso a un larga distancia. La adrenalina del último momento es sonrisa. Tengo una manzana en la mochila y le viene como anillo al dedo. Para probar al revés, cae rendido sobre mi pecho y lo envuelvo íntegro. Cuando despertamos, le hago escuchar un tema de Kevin Johansen. It doesn't feel good / It doesn't hurt / I can't look at you / You're so beautiful Frente con frente, ojos cerrados, siento las yemas de sus dedos en mis mejillas.

Él maneja, yo acompaño. No recuerdo qué nos decimos, sólo cómo nos miramos. Y cómo besa. Con el cuerpo entero.

En estación Juramento, nos sentamos enfrentados. Hoy, se va a llamar Roberto y vamos a jugar a que no nos amamos más y que queremos vivir muy, muy lejos uno del otro. Jugamos a que no le gusto, jugamos a que no me hace feliz. Le recrimino los años perdidos, pero no puede seguirme el paso y ríe hasta llorar. Me considero victoriosa, se sienta a mi lado, y una vez que recupera el aliento, apoya su frente en mi hombro y pregunta embelezado "¿Qué me estás haciendo?"

sábado, 2 de enero de 2010

Recibimos el Año en Peña a todo Deja Vú

Todo fin de año me remonta infaliblemente al 1° de enero de 2006. Esa noche, conocí al fotógrafo que luego me rompería el corazón. Pero esa historia pertenece a otro posteo. Lo único que vale la pena rescatar en este momento es que, desde entonces, desconfío de todos los hombres que conozco en Año Nuevo.

En Peña, aguardan comida y fiesta. Cada comensal aporta lo suyo. En mi caso, la cocina no es lo mío, así que mi contribución viene en forma de chocotorta. Nadie se queja y todos contentos. Coma diabético en puerta.

Tras exquisiteces varias, llega la hora del brindis. Le pedimos un deseo a la vela de la ocasión. Pido que si el año no trae el amor, por lo menos, garantice sexo del bueno. Es lo menos que puede hacer.

Fuegos artificiales. Barrio Norte tiene mucho que envidiarle a Glew, inferimos por el relato de EmmaPeel, pero festejamos cual niños el festival de luces. Imagen triste la gente sola en Plaza Las Heras.

Empiezan a caer los que están invitados después de las 12. Abunda la buena onda y los temas pum-para-arriba. Las party-enhancers hacemos lo nuestro y rockeamos. Llegan los muchachos, pero sólo Docampo se encarga de que las chicas siempre tengan los vasos llenos. Habla como el pibe de la propaganda de Cadbury, el que dice "¿Te gusta el maracuyá? Le puse un poquito", pero lo perdonamos porque es amigo de la casa y porque estamos en la Argentina. Si estuviésemos festejando en Punta (gordo) y se viera involucrado en un accidente, su estado sería considerado un agravante, no un atenuante. Sino, pregúntenle a Gaby Álvarez.

Siguen fluyendo hombres y hace su aparición el austríaco. Tiene una mezcla de Kenneth Branagh y ese actor pelirrojo que tiene papeles menores en todos lados (los únicos dos ginger que garpan), el que hace del ex-novio de Jamie en "Mad about you". Compro su cabellera abundante, ojos azules y sonrisa Colgate.

Como es foráneo, no tengo problemas para iniciar una conversación. Le hago un par de comentarios ingeniosos, y él compra también. Propone salir al balcón interno para charlar. Acepto y hago un high five en mi mente con mi otro yo. Estoy segura de que lo que ocurra desde acá hasta concretar el deseo de Año Nuevo es estrictamente protocolar.

Charlamos largo y tendido. Despliego arsenal seductor. Él, encantado. Mucha risita nerviosa y caidita de ojos por su parte. Le queda bien el personaje de timidón.

"Bueno, no sé qué onda con mi mujer, no sé si seguimos juntos o no. Y además, tengo un hijo de 6 años. No sé si estamos juntos. Para mí, sí." Así, de la nada, pela rollo emocional que no tengo ganas de escuchar y que deserotiza horrores. Una declaración así es imposible de remar y no merece mayor esfuerzo de revertir. Elegantemente, aprovecho la oportunidad para salir despavorida del lugar del deja vú. "¿Por qué me tengo que bancar tus issues?", pienso. "Metételos en el tujes y empujá todos los vagones hasta Retiro."

El austríaco se va a la cocina a bajonear las berenjenas y otras delicias que sobraron. Si todavía hay posibilidad de remontar, el perejil interdentario que presenta después la destruye por completo. Por suerte, allí están las pibas, para terminar la festichola bien entrada la mañana y libre de austríacos.

Gran festejo gran en Peña, pero la desconfianza de Año Nuevo llegó para quedarse, por lo menos, un 1° de enero más.