Suena la alarma de mi despertador a las seis de la mañana. Metello me mira, mitad enojado, mitad triste, y repite: "quilomba girl, always quilomba girl". Además de quilomba, soy torpe, por lo que se me cae el celular y tardo más en apagarlo.
Nos quedamos abrazados un rato. La poca luz que entra de la calle refleja en sus ojos húmedos. Sin mirarme, se levanta y se viste. Me apura para que haga lo mismo. No puedo llegar tarde al aeropuerto. Ya es la segunda vez que pospongo el vuelo a París. Es hora de seguir.
Reviso la habitación, hago el check-out y buscamos la parada del colectivo. Un chico de unos 21 años está tirado en la vereda, borrachísimo. Metello se enoja porque le duele el dolor ajeno y el propio, y lo ayuda a incorporarse.
Por siete euros, llegás de la zona de Temple Bar al aeropuerto de Dublín. El trayecto de 45 minutos es sombrío. Abrazados, mi cabeza en su hombro, mis manos en sus manos; y él, como siempre, alternando entre su mirada dulce y tímida, que comparte conmigo, y un mirar pesado y complejo, buscando quién sabrá qué en el horizonte. "Thank you, Karenitta, you gave me happy days in Dublin", es de lo poco y mucho que dice.
Bajar del colectivo es difícil. Muchos suspiros, la respiración entrecortada, entrecejos elevados, visión comprometida. Amable y tranquilamente, lleva mi equipaje. Me mira, se muerde el labio, sonríe, y entramos.
Despacho todo con un nudo en la garganta. Nos sentamos juntos, abrazados, besándonos. Ya no puedo contener las lágrimas. Me mira, me mira mucho. Me besa con todo el cuerpo, de una manera imposible de olvidar. Es hora de abordar. Me agarra la cara entre las manos, respira hondo y me despide con una misión y un deseo: "find a good man". Se da media vuelta, se va, me mira mientras camina, sigue adelante y vuelve a mirar. Esta vez, me hace señas para que no lo mire más. No le hago caso. Él busca la salida, se pierde entre la muchedumbre y se convierte en el pasado. Lloro sola en el hall de un aeropuerto, sola, solísima, lejos de mi familia, lejos de mis amigos, y nunca tan lejos de él.
Por suerte, el avión está vacío. Elijo un asiento del lado de la ventanilla, a varios metros del resto de los pasajeros, para que mi sollozo no perturbe a nadie. La azafata me mira extrañada, pero no debe ser la primera vez que una pasajera con el corazón roto recurre a una de las últimas filas.
Escribo en mi diario de viaje e intento en vano contener las lágrimas. Un hombre francés de unos 35 años, rubio, de ojos azules y sonrisa pícara me mira. Lo miro, bajo la mirada; me mira él, y así hasta que coincidimos. A la segunda, me sonríe y saluda con la mano. Más allá del bien y del mal, le devuelvo la sonrisa y el saludo. Se me acerca liviano, yo soy la densidad misma, me cuenta que es chef, le gusta que soy argentina, luce su castellano básico de colegio y me da su número para salir en París. Jamás lo llamo. Tampoco llamo al marroquí y al suizo que conozco después.
Metello me persigue en mi mente hasta hoy. Cada vez que veo a un italiano, cada vez que canto "Ring of Fire", de Johnny Cash, cada vez que veo un patrullero, cada vez que me halagan la voz, cada vez que conozco a un hombre que resulta no ser bueno, cada vez que un hombre me cuida, ahí está. Si pudiera odiarlo, sería más fácil. Si se hubiese terminado el amor, sería facilísmo.
En cambio, me despidió con esa misión y ese deseo. Me la hizo difícil, pero la hizo bien, por mi bien.
Hoy, desvelada, pensando en Metello y llorándolo por última vez, lo entierro entre los recuerdos, lo convierto en anécdota, y empiezo a vivir el presente, el aquí y ahora. Por fin pude escribirlo. Si lo estás leyendo, es porque soy libre.

5 comentarios:
Una lindísima despedida, amiga
He llenado tanques cisternas de agüita salá en aeropuertos, terminales de micros, hasta en ascensores! Soy experta en llorar en público, espero olvidar esa habilidad pronto =)
Más besos
Hey, Metello, ya lo decía la O'Connor: a good man is hard to find.
Uf, esas despedidas cuando no se terminó el amor son tremendas, tremendas.
Me encanta cómo lo contás, y me encanta más que seas libre.
The best is yet to come, amiga.
Besos!
Closure, y tan lindo lo contaste, que el chiste fácil ni siquiera tienta.
Amiga, hay que dejar salir. Lo mejor que puede dejarte una historia es un standard difícil de superar. Difícil no es imposible. Ni siquiera es improbable.
Emma: Veo que no soy la única. No mates tu sensibilidad. Más besos para vos.
Meki: Qué apropiado citar a la O'Connor para una historia made in Ireland. Gracias por todo lo lindo.
So: Gracias por lo lindo a vos también. El standard está muy arriba. Le estoy agradecida. Pero si alguien pudo llegar tan lejos con tan poco, otros hombres deberán poder también.
que beio relato, que beio recuerdo. que beio tocar a un hombre asi. que suerte que tuvo de conocerte. que linda manera de cerrar escribiendo esto. lav u
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