Caí en un patrón, pero de esos patrones buenos: el de los hombres galantes.
Los que me miran de arriba a abajo y de nuevo arriba y después, sonríen tímidamente.
Los que me ponen del lado de adentro de la calle cuando caminamos.
Los que me sostienen el paraguas.
Los que con gusto cargan mis 37 bolsas y me abren el ascensor con los dientes.
Los que utilizan adjetivos categóricos y originales para referirse a mi persona.
Los que me recomiendan libros, películas y obras de teatro.
Los que me sorprenden con sus habilidades especiales.
Los que disfrutan del humor de una mujer sagaz.
Los que me despiden con un piropo customizado e inteligente.
Los que me llaman.
Los que reciben mis llamados con gusto.
Los que entendieron que no es lo mismo estar o no estar conmigo.
Y me voy a dormir sola, pero feliz. Porque me la creo, y debería.

3 comentarios:
Lo bien que hacés, beia =D
Está muy bien para salirse de la rutina de giles que ha poblado nuestras anécdotas. Y yo te salgo de testigo de que no es lo mismo estar sin vos que contigo.
Emma: Lo bien que hacemos.
So: Gracias por salirme de testigo. My people will call your people.
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